¿Qué está ocurriendo con la justicia de este país?
Difícil pregunta. Y más difícil explicación
Si estamos convencidos de que cualquier tendencia anormal, tiene motivo y causa; debemos aceptar como un hecho cierto que el maremagnum de la justicia, de los jueces y fiscales, se debe a motivos, no fácilmente adivinables, o al menos, no comprensibles, para las sencillas mentes de la mayoría de nosotros.
Y puestos a buscar motivos, pudiera tratarse de un virus maligno y altamente contagioso, que personajes tan maleables, fértiles en el crecimiento de ideas aprendidas y sumisos obreros de las órdenes gubernamentales, como: el Sr. Conde Pumpido ó el juez Garzón , sin olvidar al propio ministro de justicia, han ido impregnando por los diversos despachos judiciales por los que han pasado. Produciendo esta pandemia que nos sobrecoge y acongoja.
Podría tratarse quizá de órdenes concretas del ínclito ministro de justicia, que en su faceta populista y populachera y siempre atento a la mínima indicación de su jefe; haya enviado a toda la judicatura, planfleto de estricto cumplimiento, para llevar el pensar y el decir del pueblo español, lejos del problema económico que nos asfixia.
Menos real, parece la idea de que sea la propia clase judicial y fiscal, la que pretenda mover el sillón del Sr. Zapatero, creando un clima de desaliento, inseguridad y desamparo que lleve al pueblo a bajarle del sofá antes de tiempo, máxime teniendo en cuenta la línea pancista de la propia sociedad judicial, en las últimas décadas, cuando en teoría, se le quitó la venda a la famosa señora y se le pusieron unos prismáticos de alto alcance, para divisar chanchullos, negocios y prevaricaciones a kilómetros de distancia.
Muy a menudo se hable de que la justicia está obsoleta, de que hay que cambiar las leyes, de que el Código Penal sigue teniendo capítulos y capítulos con una herencia de doscientos años, totalmente inútiles para regir la vida de hoy. Se habla de penas nuevas para delitos de terrorismo y se habla de tantas zarandajas y estupideces, que el hombre de la calle, es totalmente lógico, pase de todo ello y ponga su cerebro en el fútbol.
Posiblemente solo los allegados a las victimas tengan presente la ley del Talión. A los demás, ni se nos ocurre hablar de ella, por el rechazo y los improperios que una sociedad de idiotas y chupaprogresistas, nos podría dedicar. Pero si oimos hablar a esos mismos chuflagaitas del cumplimiento total de las penas y hasta algunos llegan a atreverse a hablar de la cadena perpetua para cierto tipo de delitos. ¿Algún gobernante ha hecho un solo movimiento de meñique al respecto, en los últimos treinta años? ¡Ninguno!
¿Sigue siendo cierta aquella expresión de que: en España el delito es barato? Por supuesto y cada día más.
Y mientras tanto el pueblo sencillo y docto, lo único que reclama es que el que la haga la pague. Mira que es fácil de comprender, pero no hay forma ¿O quizá, nuestros padres de la patria y concubinos adyacentes, van más lejos que nosotros y piensan: que delito tambien son los pelotazos económicos, los cohechos y los enjuagues empresariales?
En cuanto a los delitos llamados de sangre, hay una palabra que debería prohibirse y castigar incluso su uso....¡Reinserción!..... Si el diccionario define la palabreja como: volver a integrar en la sociedad a alguien que estaba condenado penalmente ó marginado. ¿Qué hacer cuando el individuo en cuestión interpreta que volver a integrarse en la sociedad, significa, continuar su vida anterior con su forma de actuar y vivir? ¿Como saber cuando el individuo ha entendido la frontera entre el bien y el mal?
Está claro que los "comités de seguimiento", imagino formados por psicólogos, psiquiatras, pedagogos y demas psicobobos, que se encargan de dictaminar cuando un condenado puede reinsertarse en la sociedad, no hacebn bien su trabajo, no solo no lo hacen bien, sino que su incompetencia, produce daños tan graves a esa sociedad , como muertes o nuevas vejaciones.
Solo ellos conocen los motivos para actuar de tan aberrante forma. Y ante el desconocimiento, al resto de españoles solo nos queda pensar que lo hacen: por incompetencia, por la funcionalitis española, por falta de profesionalidad, ó simplemente porque sus otros negocios y chanchullos no les permiten una dedicación total, limitándose a una firma en un papel.
Lo que si está meridianamente claro es que para la labor que hacen, deberían suprimirse algunos comités, encargados de llenar las calles de terroristas, pederastas, asesinos dementes ó golfos que emplean sus salidas de fin de semana en adquirir nuevo pasaporte, eso sí, con ayuda gubernamental para fugarse del país.
Imposible juzgar la labor de los jueces de vigilancia penitenciaria. Está claro que sus señorías se limitan a tramitar los consejos y apreciaciones de los mencionados comités, que son sus manos directas de contacto con los reclusos y que alivian su trabajo y les proporcionan los cheques en blanco que descargan sus culpas. Serìa bueno saber si en alguna ocasión, algún juez ha tenido la iniciativa de poner de patitas en la calle al comité que le ha recomendado un permiso o una excarcelación empleada por el reo para matar ó violar a tres mujeres. ¿Alguna de sus señorías ha tenido remordimientos por su conducta?
Ya sabemos que siempre hay un secretario de juzgado que soporta su misión de chivo espiatorio. Conocemos la sentencia de que los jueces no hacen las leyes, obligan a cumplirlas y un sinfin de mamarachadas más. Pero si estamos de acuerdo, en que las leyes deben salir de la maraña política y deben ser los partidos políticos, los que las dicten y aprueben, poniendo si fuera necesario el Código Penal y el Civil patas arriba, reestructurando, incluso eliminando ó añadiendo todo lo que sea necesario, para adaptarlo a la sociedad de hoy. No podemos en forma alguna estar de acuerdo con algunos jueces que según sus propias palabras :interpretan la ley. ¡No señorías! Vds. no están para interpretar la ley sino para hacerla cumplir, porque de la interpretación surgen hechos como la condena a un magistrado al pago de mil quinientos euros, que por su desidia o falta de profesionalidad , permite que no se cumpla una condena, dando lugar con ello a una nueva muerte. Al mismo tiempo se condena a otro magistrado al pago de tres mil euros por orinar con la puerta abierta. ¿En que país de locos o imbeciles caben estas posturas?
Pensemos en la tan cacareda coletilla de moda entre ciertos políticos: del cumplimiento total de las penas.
¿Qué significa tan pomposa declaración?.... ¿De que estamos hablando?
En este paìs no existe la cadena perpetua y como consecuencia la pena máxima es de treinta años de reclusión. Quitemos los beneficios por buena conducta, los estudios realizados,la cooperación y como no la intención de reinserción ¿Y que nos queda?: dieciseis, dieciocho o como caso excepcional veinte años para un asesino multiple o un terrorista con venticinco asesinatos a sus costillas. Como es lógico, con estos mimbres se le caen los panes al cesto de la justicia española.
¿Qué delito ha cometido el pueblo español, para no disponer de unas leyes y una judicatura, como mínimo, al nivel de la que disponen los habitantes de Zimbaue?
Si cada uno tiene lo que se merece, algo muy grave hemos tenido que hacer los españoles para merecernos semejante justicia