No soy persona que me chifle sobre manera la playa ó para ser más concreto, la arena de la playa. Pero toda mi vida he sido un apasionado de los chiringuitos y en los sitios donde coincidía, el quiosquillo con un chigre de pescadores de barca, he sido capaz de mantenerme horas, escuchándoles o viéndoles jugar, al tute ó a la brisca, entre vino y botellín.
Hace unos días y en contra de mi costumbre, aprovechando una buena brisa, que hacía muy agradable el sentarse en la arena, decidí pasar el tiempo viendo el mar y las pequeñas olas que formaba en la orilla. A escasos metros míos, estaba tumbada una madre de unos treinta y tantos años y su criatura de poco más de dos años, si los tenía. A unos dos ó tres metros de la pareja: un hombre de mediana edad, tomaba el sol en un toalla.
Toda una escena de playa, apacible donde las haya. Pero mira por donde, la criaturita jugaba a coger puñaditos de arena y tirarlos al alto, mirando atentamente como caían, como si fuera agua de lluvia. Estampa costumbrista, turbada porque cada vez que la brisa aumentaba un poquito, la arena iba a parar a la cara del señor y a su pecho.
Las dos primeras veces, el señor le hizo gestos con la cabeza al niño de que eso no se hacía. A la tercera, ya muy mosqueado y limpiandose la cara, le dijo -niño eso no se hace-. La madre miró por encima de las gafas de sol y soltó un displicente -Javier estate quieto- Javier se quedó paralizado un momento, miraba al señor y a su madre, creo que sin entender muy bien lo que pasaba y a los escasos tres minutos, volvió a soltar el puñadito de arena. El señor bastantemas cabreado, volvió a decir -¡Niño eso no se hace!. Y la madre , nueva mirada por encima de las gafas y nuevo -Javier estate quieto!.
Yo que no me perdía detalle de la escena, cuando ví coger de nuevo el puñadito, me di cuenta: de que el tal Javierin era el clásico niño cabrón, acostumbrado al -Javier estate quieto- y al final haciedo lo que le salía de los pañales. Tiró efectivamente el puñao de arena, esta vez hacia el hombre, no para arriba y se le quedó mirando fijamente, no sé si sabría hablar ó no, pero de lo que estoy seguro, es de que en esos momentos estaba pensando ¡Aquí estoy yo! ¿Qué pasa tío?. Y aquel señor, tan dispuesto a aguantar de todo, cogió un puñado de arena y se la tiró al niño.
¡La que se armó! El niño berreando como un cochino en el matadero, la madre, llamándole de todo al hombre, acordándose de su familia viva y muerta y pidiendo a gritos la policía, la guardia civil y los antidisturbios...En unos segundos, aquello se puso de gente como una plaza de toros. Yo me levanté y me fuí, pensando que el hombre, debía haber tirado la arena a la madre, no al niño. Pero tambiém comprendí que Javierín, había aprendido que no se debe tirar arena a nadie y seguro, que eso, no se olvidaría en toda su vida.
Quien no ha sufrido en un bar, en un ambulatorio, ó en cualquier sitio que haya sillas, el continuo arrastrar, por un nene, a veces no de tan corta edad, de la silla en cuestión, soportando estoicamente el ruido tan desagradable que hacen, mientras la madre de la criatura, charla con la compadre de turno, lee una revista del corazón, ó simplemente dormita. Cuando a ella le molesta , se vuelve al mequetrefe en cuestión y le suelta lo de "niño estate quieto".
No voy a discutir que algún infante tenga el famoso cromosoma del mal, anidando en su cuerpo. Pero el problema no es ni mucho menos ese. El problema es que muchos de los padres de hoy, no están preparados para educar a sus hijos. Y los pedagogos, psicólogos y demás fauna docta, no tienen ni puñetera idea, de por donde se andan.
Los padres de hoy, son los hijos de la dictadura de ayer. Y como ocurre desde que un tío listo inventó lo de que el mamut vuelta y vuelta estaba buenísimo. Las novedades tienen su precio. Y tienen que pasar muchos años para que una democracia sea tal y la libertad no se confunda con el libertinaje.
En este país estamos a años luz de que comprendamos: que nuestra libertad termina, donde empieza la del otro. Y estas mínimas palabras indispensables para la convivencia, deberían estar grabadas enla puerta de los leones de las cortes y debían ser tema único en el conjunto de gilipolleces e idearios que forman el panfleto llamado educación para la ciudadanía.
Jamás podré estar de acuerdo con una paliza a palos, correazos, ó lo que sea, a un niño ó a un joven. Pero hay que reconocer que un solo cachete ó pescozón en elmomento oportuno (no diez horas después) y siempre por un motivo que debe explicarse detenidamente al niño, es más formativo que catorce horas escuchandoa un psicopedagogo.
No vale, aquella forma de educar, que cuando el padre llegaba del trabajo, le soltaba la parienta lo de. ¿Sabes lo que ha hecho hoy tu hijo? y el padre mas deseoso que otra cosa de cenar y coger la cama, aguantaba estoicamente la charla y al final terminaba con lo de: ¡Bueno mujer, tampoco ha sido paa tanto!. Y la otra cada vez más enfurecida, se daba la vuelta diciendo: ¡A ti todo te da igual! ¡Vaya educación que estás dando a tu hijo!.
Y no quiero cerrar este comentario, sin unas palabras de admiración y agradecimiento a los miles de D. Marcelinos, aquel maestro de escuela, que con la regla de madera o su cañita de bambú nos desasnó a tantos y tantos españolitos, hoy padres y abuelos.
Si prácticamente todos los que andamos entre los cincuenta y sesenta y tantos años. probamos el escozor de ambos adminículos, por mas ajo que nos dieramos en las manos, al no recordar la tercera declinación, ó el nombre del dichoso Wamba. No es menos cierto, que de aquellos burros en potencia, salió una generación, que trajo la democracia a este país (con la admiración del mundo entero). Que gracias a su trabajo, profesionalidad y conocimientos, elevamos a España hasta la sexta nación del mundo. Que hemos vivido alegres y felices, con lo mucho ó poco que teniamos. Que saliamos los fines de semana hasta altas horas de la madrugada, sin que nadie intentara acuchillarnos por treinta ó cuarenta euros. Que un atraco o un asesinato, cuando ocurría, era tema de conversación, por lo novedoso, durante un mes. Y que en resumen viviamos y sobre todo conviviamos ás agradablemente
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados